DEPORTES
Colapinto: ¿El nuevo blanco de la presión en la Fórmula 1?
Mientras la F1 celebra la paciencia con unos, el piloto argentino Franco Colapinto enfrenta una avalancha de críticas desmedidas que ignoran la realidad de su coche y su condición. Analizamos la doble moral que se vive en el paddock.
La Fórmula 1 es un deporte de contrastes, no solo en la pista, sino también en la opinión pública. Mientras el paddock celebra con razón el histórico podio de Nico Hülkenberg tras 15 años de espera, una tormenta de críticas desproporcionadas se cierne sobre el novato Franco Colapinto. Con apenas un puñado de carreras en la máxima categoría, el piloto argentino es juzgado con una dureza que roza lo absurdo, ignorando deliberadamente el factor más importante: el coche que conduce.
El “milagro” de Gasly y la realidad del Alpine A525
El propio compañero de equipo de Colapinto, el experimentado Pierre Gasly, ha puesto las cosas en perspectiva. Ante los problemas del monoplaza, el francés declaró “Estoy rindiendo a un nivel muy alto con el coche que tengo” mencionando lo complicado de conseguir resultados en un coche que simplemente no funciona. Si un piloto con más de 150 Grandes Premios en su haber describe su labor en Alpine como algo complejo, ¿qué se le puede exigir a un novato que acaba de llegar?
La situación de Colapinto en el Gran Premio de Gran Bretaña fue el ejemplo perfecto. Tras mostrar un ritmo prometedor en las prácticas, su coche ni siquiera pudo arrancar para tomar la salida de la carrera. No fue un error de pilotaje; fue un fallo mecánico que lo dejó impotente en el garaje. Sin embargo, para muchos críticos, la responsabilidad recae injustamente sobre sus hombros.
La falacia de las comparaciones: Pérez, Tsunoda y la doble moral
Parte de la narrativa mediática, especialmente en algunos sectores de Sudamérica, insiste en comparar a Colapinto con las actuaciones de Sergio ‘Checo’ Pérez en su época en Red Bull. Esta comparación no solo es anacrónica y sin sentido, sino malintencionada. Pérez pilotaba con más experiencia en un coche ganador; Colapinto lucha por mantenerse en pista con un Alpine poco fiable y falto de rendimiento.
La doble vara de medir es aún más evidente si se observa la situación de Yuki Tsunoda en el segundo asiento de Red Bull. A pesar de pilotar el coche campeón y de no salir de los últimos lugares en muchas carreras, las críticas hacia el japonés son considerablemente más leves. Se habla de ‘presión’ y ‘adaptación’. A Colapinto, en cambio, se le exige un rendimiento inmediato como si fuera un veterano consolidado.
Paciencia para unos, exigencia para otros
La F1 es un deporte que requiere tiempo. Se le pide paciencia a Lewis Hamilton en su adaptación a Ferrari, se celebra el podio de Hülkenberg tras una década y media, pero a un joven de 22 años con apenas seis carreras en la categoría este año con Alpine, se le somete a un escrutinio implacable.
Sí, Colapinto ha cometido errores. Pero son los errores lógicos y esperables de un novato que está llevando al límite un coche difícil y que busca desesperadamente demostrar su valía.
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Juzgar a Franco Colapinto por sus resultados actuales sin tener en cuenta el desastroso rendimiento del Alpine A525 es, en el mejor de los casos, una muestra de ignorancia y, en el peor, una campaña injusta. El argentino está en pleno proceso de aprendizaje, en uno de los equipos más complicados de la parrilla. Antes de exigirle podios, quizás la crítica debería exigirle a Alpine que le proporcione, primero, un coche capaz de terminar una carrera.
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