ESTILO DE VIDA
BYD SHARK ya está andando en Colombia: todos los detalles y características
Más allá de la ficha técnica, pusimos a prueba la pick-up PHEV en una travesía real. Entre lodo, lluvia y una ruta perdida en la montaña, la “Tiburón” de BYD demostró que su tecnología DMO no es solo marketing: es tracción bruta.
La habíamos visto brillar bajo los reflectores del Salón del Automóvil de Bogotá, inmaculada y estática. Pero una pick-up no se juzga en la alfombra roja, se juzga en el barro. En medio de la inclemente ola invernal que azota al centro del país este enero, BYD nos citó para una experiencia diferente: una travesía temática junto a la promoción de la película “Anaconda”, con destino a las montañas de Guasca, Cundinamarca.
Lo que prometía ser una ruta controlada se convirtió, por un error de navegación de nuestro equipo, en la prueba de fuego definitiva. Nos perdimos en la trocha, rodeados de lodo denso y pendientes jabonosas. Fue allí, lejos del asfalto, donde la BYD Shark dejó de ser una “camioneta tecnológica” para mostrar sus dientes de depredador off-road.
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La anécdota: Perdidos, pero con tracción
El GPS falló y terminamos en un sendero veredal que el invierno había convertido en una trampa de greda. En una pick-up diésel tradicional, la situación habría requerido reductora, bloqueo mecánico y mucha pericia con el embrague.
En la Shark, la experiencia fue surrealista. Gracias a su plataforma DMO (Dual Mode Off-road), no hay cardán físico que conecte los ejes. La tracción es gestionada por dos motores eléctricos independientes (uno adelante y otro atrás) que reaccionan en milisegundos. Al acelerar en la pendiente resbaladiza, la camioneta no titubeó; el sistema detectó la pérdida de adherencia y envió el torque exacto a las ruedas con agarre. Salimos del atolladero con una suavidad pasmosa, demostrando que sus modos de conducción (Nieve, Barro, Arena) están calibrados para perdonar errores humanos.
Corazón Híbrido: Potencia de deportivo
Bajo el capó, la Shark es una revolución. Combina un motor 1.5 litros turbo (que actúa mayoritariamente como generador) con el poder eléctrico para entregar una potencia combinada de más de 430 caballos de fuerza.
En carretera, antes de llegar a la trocha, esa cifra se traduce en un 0 a 100 km/h en 5,7 segundos. Es una aceleración que pega la espalda al asiento, humillando a cualquier V6 diésel del mercado. Pero lo mejor es la eficiencia: con su Batería Blade, logramos rodar en modo 100% eléctrico durante gran parte del trayecto urbano, validando los 100 km de autonomía EV que promete la ficha técnica. La autonomía total combinada, según la marca, roza los 840 km, eliminando la ansiedad de rango en viajes largos.
Lujo en medio del barro
Mientras afuera las llantas escupían lodo, adentro la atmósfera era de clase ejecutiva. La cabina rompe el molde de vehículo de trabajo: materiales suaves, consola elevada y la infaltable pantalla giratoria de 12,8 pulgadas.
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El sistema de cámaras 540° (360° + chasis transparente) fue vital para ver dónde poníamos las ruedas en los pasos estrechos de Guasca. Sumado a un sistema de sonido Dirac de alta fidelidad y conectividad total, la Shark se siente más como un SUV premium que como una camioneta de platón.
Conclusión: El miedo de la competencia
La BYD Shark ha llegado para incomodar a las reinas del segmento (Hilux, Ranger, Frontier). No solo ofrece más potencia y tecnología, sino que su esquema tributario y su economía de combustible la hacen una opción racional.
Nuestra experiencia en Guasca confirmó lo que sospechábamos: esta camioneta no es un “gadget” delicado. Es una máquina robusta capaz de ensuciarse con dignidad y sacarlo del problema cuando el camino (o el conductor) se equivoca.
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