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Eléctricos vs. combustión: ¿qué tan rentables son los camiones y vans?
La conversación sobre el futuro del transporte de carga con camiones en Colombia ha abandonado el terreno de las promesas para instalarse en el de los balances contables. Lo que hasta hace poco era una apuesta por la sostenibilidad, hoy es, sin lugar a dudas, la decisión financiera más inteligente que una empresa de logística puede tomar. Una tormenta perfecta de factores económicos, tributarios y tecnológicos está demostrando que la era del diésel tiene los días contados.
La cruda matemática: El costo por kilómetro no miente
El argumento más irrefutable a favor de la electrificación de flotas se encuentra en las cifras. La diferencia en el costo operativo por kilómetro es tan abismal que inclina la balanza de forma decisiva.
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- Operar un vehículo de carga con diésel cuesta, en promedio, $600 por kilómetro.
- Hacerlo con un vehículo eléctrico reduce ese costo a un rango de entre $190 y $240 por kilómetro.
Esto se traduce en un ahorro de hasta el 60% solo en el rubro de energía. Pero el ahorro no se detiene ahí. Al eliminarse por completo los cambios de aceite, filtros, sistemas de embrague y los complejos sistemas de escape, los costos y la frecuencia de mantenimiento se desploman, liberando capital y, lo más importante, aumentando el tiempo que el vehículo pasa en la ruta produciendo, en lugar de en el taller.
El Estado como socio: El arsenal de beneficios tributarios
El segundo pilar de esta revolución es el decidido apoyo del gobierno, que ha creado un ecosistema de incentivos para acelerar la transición y hacerla financieramente irresistible.
- IVA del 5%: En lugar del 19% general.
- Cero aranceles de importación, reduciendo el costo de adquisición.
- Exención de Pico y Placa en la mayoría de las ciudades, garantizando un 100% de productividad.
- Un poderoso beneficio en el impuesto de renta, que permite a las empresas deducir hasta el 50% del valor del vehículo.

Más que un camión: La llegada de los ecosistemas integrales
El tercer factor que está eliminando las barreras de entrada es el cambio en el modelo de negocio. Marcas como la recién llegada Farizon (respaldada por Geely y el Grupo Vardí) ya no solo venden vehículos; ofrecen soluciones “llave en mano”. Este ecosistema incluye:
- La infraestructura de carga personalizada.
- El software de gestión de flotas para optimizar la operación.
- Soporte técnico a nivel nacional.
- Planes de financiación estructurados.
“Queremos que cada cliente vea la movilidad eléctrica no como un riesgo, sino como una oportunidad rentable y sostenible desde el primer día”, afirmó Diego Zárate, Gerente de Marca de Farizon Colombia.
La rentabilidad ‘verde’: Cuando ser sostenible abre puertas
Finalmente, la sostenibilidad ha dejado de ser un intangible para convertirse en una ventaja competitiva. Cumplir con los criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) es cada vez más un requisito indispensable para acceder a licitaciones y contratos con grandes corporaciones. Una flota eléctrica, con una reducción de hasta el 67% en su huella de carbono, no es solo un ahorro, es una llave que abre nuevas oportunidades de negocio.
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La conclusión es inevitable. La convergencia de un ahorro operativo masivo, un fuerte apoyo gubernamental y nuevos modelos de negocio ha creado un punto de inflexión. Para el transporte productivo en Colombia, la transición a flotas eléctricas ya no es una pregunta de “si” sucederá, sino de “cuán rápido” deben actuar las empresas para no quedarse atrás.
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