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Ferrari no quiere los eléctricos: retrasó su segundo modelo
Ferrari, el templo de los motores de combustión y los cilindros en uve, se prepara para un hito histórico: la presentación de su primer coche 100% eléctrico este mismo otoño. Sin embargo, lo que podría parecer una rendición a la nueva era es, en realidad, una jugada calculada. Este primer modelo será un escaparate tecnológico de producción muy limitada, mientras que el verdadero plan de electrificación masiva acaba de recibir un importante revés: el segundo Ferrari eléctrico, el que estaba destinado a ser un modelo de serie, se retrasa como mínimo hasta 2028.
Un eléctrico para abrir el apetito, otro para la conquista
La estrategia de Maranello era clara: lanzar un primer modelo eléctrico de nicho, probablemente enmarcado en su exclusiva Serie Speciale con un precio que rondaría los 500.000 euros, para tantear el terreno. Este coche serviría como un laboratorio rodante.
Poco después, se esperaba la llegada del segundo modelo, el verdaderamente importante. Un cavallino eléctrico pensado para la producción en serie, con un volumen estimado de 5.000 a 6.000 unidades durante su ciclo de vida, similar a modelos como el 296 GTB o el Roma. Pero según han confirmado fuentes internas a Reuters, ese plan ha sido pospuesto.
El mercado dicta la sentencia: “La gente rica quiere coches de gasolina”
La razón principal de este cambio de rumbo es tan simple como contundente: el mercado no está pidiendo superdeportivos eléctricos. Benedetto Vigna, CEO de Ferrari, ya lo advertía: “El juicio final es del cliente. No vendemos tecnología, sino emociones”. Y la emoción, para los clientes de este segmento, sigue ligada al rugido de un motor térmico.
Esta realidad la resumió a la perfección Maté Rimac, fundador del fabricante de hiperdeportivos eléctricos homónimo, al analizar las bajas ventas del Rimac Nevera: “La gente rica quiere coches de gasolina”. A pesar de sus asombrosas prestaciones, de las 150 unidades planificadas para el Nevera, muchas siguen sin venderse. No es casualidad que el mayor éxito reciente de Ferrari, el SUV Purosangue, haya apostado por un tradicional y glorioso motor V12 atmosférico.
El desafío del peso y la emoción
Más allá de la demanda, existe un obstáculo técnico fundamental: el peso. Para generar la potencia y autonomía que se espera de un Ferrari, se necesitan baterías grandes y pesadas, un enemigo natural de la agilidad y las sensaciones de conducción que definen a la marca.
Dar con la receta perfecta es un reto mayúsculo. El mejor ejemplo es Porsche y el desarrollo de su futura familia 718 eléctrica. La firma de Stuttgart lleva años retrasando su lanzamiento porque no consigue el equilibrio deseado entre rendimiento, peso y emoción, redefiniendo la configuración mecánica una y otra vez. Ferrari observa atentamente y prefiere no lanzar un producto que no cumpla con sus propios y elevadísimos estándares.
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Maranello no está sola: el lujo se replantea la prisa eléctrica
La decisión de Ferrari no es un caso aislado, sino un síntoma de una tendencia en el sector del lujo. Lamborghini, su eterno rival, ya ha retrasado el lanzamiento de su primer modelo cero emisiones hasta 2029. Por su parte, Maserati ha ido un paso más allá, cancelando directamente la versión eléctrica de su buque insignia, el MC20 Folgore.
En un momento en que Ferrari disfruta de una salud financiera envidiable, con beneficios récord de más de 1.500 millones de euros en 2024, la decisión de retrasar una apuesta arriesgada es un movimiento estratégico inteligente. Maranello no le cierra la puerta a la electrificación, simplemente esperará a que la tecnología y, sobre todo, sus clientes, estén realmente preparados para ella.
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