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Motores que pierden eficiencia: así puede notar las señales
La fricción interna y los depósitos de carbón pueden robar hasta el 10% de la energía del combustible en el motor. Expertos explican cómo la química moderna busca restaurar la eficiencia perdida.
Con el paso de los kilómetros, es común sentir que el motor ya no responde como antes. Esa pérdida progresiva de brío, acompañada de un aumento en el consumo de combustible, no siempre es un problema mecánico grave; a menudo es el resultado de un enemigo invisible: la acumulación de residuos y la fricción interna.
En un país como Colombia, donde el sector transporte consume el 46% del total nacional de combustibles, cada gota cuenta. La ciencia detrás de los aditivos para combustible ha ganado relevancia precisamente por su capacidad para combatir estas pérdidas silenciosas que ocurren dentro de la cámara de combustión.
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El doble enemigo: Fricción y depósitos de carbón
Dentro de cada cilindro, los anillos del pistón suben y bajan miles de veces por minuto. Esta fricción constante, aunque lubricada por el aceite, consume energía. Según BASF, hasta el 10% de la energía liberada por la gasolina se puede perder simplemente en vencer esta resistencia, un fenómeno que se agrava con el desgaste natural.
Paralelamente, la combustión, especialmente en el tráfico urbano de “pare y arranque”, nunca es perfecta. Genera depósitos de carbón que se adhieren a componentes críticos como los inyectores y las válvulas de admisión. Un inyector sucio no pulveriza el combustible de manera eficiente, sino que lo “escupe” en gotas, resultando en una mezcla pobre, pérdida de potencia y un mayor consumo.
La química al rescate: ¿Cómo funciona un aditivo?
Es en este punto donde la química moderna entra en juego para restaurar la salud del motor desde adentro. “Las exigencias actuales del parque automotor requieren soluciones que acompañen el desempeño del motor más allá de su diseño mecánico. Su uso contribuye a preservar la eficiencia energética y a reducir variaciones de rendimiento”, señala el Ing. Luis Sabino, Gerente Técnico de BASF.
Tecnologías como Keropur®, desarrollada por la firma alemana, atacan el problema en dos frentes:
- Agentes detergentes: Actúan como un “desengrasante” de alta tecnología, disolviendo los depósitos de carbón acumulados en inyectores y válvulas. Esto restaura el patrón de pulverización original del inyector, permitiendo que el motor “respire” mejor y queme la mezcla de aire-combustible de manera más completa.
- Modificadores de fricción: Crean una película protectora microscópica en las paredes del cilindro, reduciendo la resistencia del pistón. Menos fricción significa que se necesita menos energía para mover las piezas internas, liberando esa potencia directamente a las ruedas.
Más que limpieza: Estabilidad y vida útil
Al mantener limpios los componentes clave del sistema de inyección, la combustión se vuelve más uniforme y estable. Esto reduce la “variación cíclica” (la diferencia de potencia entre una explosión y otra dentro de los cilindros), resultando en un ralentí más suave y una aceleración más lineal.
El uso de aditivos de calidad no reemplaza el mantenimiento regular (como el cambio de aceite y filtros), pero sí se convierte en una herramienta de mantenimiento preventivo. Ayuda a mantener el motor en su punto óptimo de funcionamiento entre servicios, mitigando el desgaste progresivo que sufre en el exigente tráfico de las ciudades colombianas.
En un país donde el combustible representa un costo operativo significativo y las condiciones de tráfico son severas, la eficiencia ya no es un lujo, es una necesidad. La química, a través de los aditivos, ofrece una solución accesible para que el motor siga entregando la potencia para la que fue diseñado, kilómetro tras kilómetro.
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