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Así fue el día que Ozzy Osbourne se reunió con Juan Pablo Montoya y la F1
En el GP de Canadá de 2003, el Príncipe de las Tinieblas Ozzy Osbourne paralizó el paddock con su caótica presencia, en una jornada que terminó con el piloto colombiano en el podio de la F1.
Con la reciente noticia del fallecimiento de Ozzy Osbourne, el mundo recuerda al padrino del Heavy Metal por su música inmortal. Pero en el universo del motor, su legado también incluye momentos de puro e irreverente rock and roll, como aquella vez en el Gran Premio de Canadá de 2003, cuando su caótica presencia chocó de frente con el ultracontrolado mundo de la Fórmula 1, en un día que culminó con Juan Pablo Montoya en el podio.
Un ‘horror viviente’ en la parrilla de salida
El 15 de junio de 2003, la parrilla de salida del circuito Gilles Villeneuve de Montreal tenía un invitado que no encajaba en el molde. Invitado por el equipo Renault, Ozzy Osbourne deambulaba por la grilla, desatando una mezcla de fascinación y desconcierto. Fue visto interactuando con leyendas como Michael Schumacher y Jean Todt, pero fue su encuentro con David Coulthard el que mejor definió la escena. El piloto escocés lo describió, con una sonrisa, como “una especie de película de terror viviente”, resumiendo el shock cultural de ver al Príncipe de las Tinieblas en medio de los monoplazas.
La entrevista más bizarra de la historia del ‘Grid Walk’
El momento que consagró su visita como una leyenda del paddock fue su encuentro con el ex piloto y comentarista Martin Brundle. En su famoso “grid walk” para la televisión británica, Brundle intentó sacarle una declaración coherente sobre la carrera. La respuesta de Ozzy fue puro caos.
Ante la pregunta del comentarista, Osbourne divagó con comentarios inconexos sobre sus perros. Brundle, superado, intentó seguirle la corriente: “Mientras pienso una pregunta mejor… ¿y los perros?”. La respuesta de Ozzy se convirtió en un clásico instantáneo: “Están en casa cagándose en las alfombras”. La entrevista, un desastre glorioso, es recordada hoy como una de las interacciones más raras y divertidas en la historia de la F1.
Mientras tanto, en la pista: Montoya en el podio
Ajeno al caos del rock and roll, en la pista se libraba una batalla de titanes. La carrera fue ganada por Michael Schumacher, seguido de su hermano Ralf. Y en el tercer escalón del podio, representando a Latinoamérica, estaba Juan Pablo Montoya. El piloto colombiano, al volante de su Williams-BMW, completó una carrera sólida para asegurar un trofeo en un día que, sin saberlo, quedaría marcado por la visita de una de las mayores leyendas de la música.
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Aquel domingo en Montreal, la Fórmula 1 demostró que, a veces, los momentos más memorables no ocurren cuando se apaga el semáforo, sino cuando dos mundos aparentemente opuestos colisionan en la parrilla de salida. Y el choque entre el Príncipe de las Tinieblas y el Gran Circo fue, sin duda, inolvidable.
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