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Sebastián Montoya revela su método para llegar a la F1: la mente tras el volante

El piloto colombiano de la escudería Telmex Claro, Sebastián Montoya de la Fórmula 2 conversó con REVISTA TURBO sobre su madurez técnica, el peso del apellido y por qué disfrutar el “sufrimiento” del gimnasio es la clave definitiva para reclamar un asiento en la máxima categoría.

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Sebastián Montoya revela su método para llegar a la F1 la mente tras el volante

Tras un extenuante viaje desde Melbourne, donde se dio el banderazo de salida a la temporada 2026Sebastián Montoya atiende a REVISTA TURBO con la claridad de quien sabe que su destino está a solo un paso de la Fórmula 1. A sus 20 años, el piloto de Prema Racing no solo ha crecido en estatura física, sino en una comprensión profunda de la psicología del alto rendimiento. En un deporte donde las décimas de segundo se ganan en la pista, Montoya ha descubierto que la verdadera ventaja competitiva se construye en las horas de descanso y en la gestión de su propia energía.

El factor humano: gestionar la energía de un atleta

“No soy un robot”, afirma Sebastián con una madurez que sorprende. Para un joven de su edad, la tentación de quedarse hasta la madrugada jugando FIFA con amigos es real, pero el rigor de la Fórmula 2 le ha enseñado que el sueño es tan vital como el combustible. La gestión de su tiempo entre ingenieros, mecánicos, psicólogos y entrenadores físicos es lo que él define como el aprendizaje más difícil de su carrera actual.

Sebastián Montoya revela su método para llegar a la F1 la mente tras el volante
Foto: REVISTA TURBO

Esa autodisciplina es la que le permite enfrentar los viajes transcontinentales y las exigencias de la prensa sin perder el foco. Para Montoya, el éxito no es solo talento puro tras el volante, sino la capacidad de administrar su “batería interna” para que, al momento de encender el motor, su capacidad de reacción sea infalible.

El simulador: la oficina virtual del piloto moderno

En la era de la movilidad inteligente, el entrenamiento ya no ocurre solo en el asfalto. Sebastián es un usuario intensivo del SIM Racing, pero con un enfoque estrictamente profesional. Mientras que plataformas como Gran Turismo o Forza son vistas como entretenimiento, Montoya confía en iRacing para competencias de resistencia y en Assetto Corsa para perfeccionar el comportamiento de su monoplaza de F2.

“El Assetto Corsa es donde manejo el F2; es lo más realista y lo que más me funciona para lo que busco en mis carreras”, explica. Esta simbiosis entre el mundo virtual y el real permite que los pilotos lleguen a circuitos desconocidos con una memoria muscular y una comprensión de la aerodinámica del coche ya configurada en su sistema nervioso.

El “veneno” de Monza y los muros de Mónaco

Al ser consultado sobre el circuito más desafiante, Montoya evita las respuestas fáciles. Si bien reconoce la peligrosidad técnica de trazados callejeros como JeddahBakú o Mónaco, pone especial énfasis en templos de la velocidad como Hungría o Monza.

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En el trazado italiano, muchos ven solo “cuatro frenadas”, pero Sebastián destaca la complejidad oculta: “El carro va resbalando, quieres bloquear todas las ruedas y la carga aerodinámica es mínima”. Esa capacidad de encontrar el límite en pistas donde el coche parece no querer obedecer es lo que separa a los corredores promedio de los pilotos de élite que logran marcar la diferencia en cualquier condición.

"Yo no manejo bien, yo manejo como Sebastián Montoya": el piloto habla de su identidad en F2
Foto: Revista Turbo / Valentina González
El legado de Juan Pablo: “Disfrutar el dolor”

El apellido Montoya pesa, pero Sebastián lo lleva con orgullo y con un consejo fundamental de su padre, el legendario Juan Pablo Montoya: disfrutar el proceso. Esta filosofía es el motor que le permite despertarse a las 6:00 a. m. para ir al gimnasio a sufrir, casi hasta el punto del colapso físico, perdiendo hasta 3 kg de peso en una sesión intensiva de trotadora.

“Donde tú aprendas a encontrar la alegría en ese trabajo, ya no es trabajo; es lo que amas”, confiesa. Esa pasión es la que lo lleva a discutir durante horas con sus ingenieros para limar una milésima de segundo al cronómetro, incluso cuando el equipo le pide silencio. Para Sebastián, pelear por el rendimiento es la máxima expresión de felicidad.

El motor de la empresa privada y el futuro nacional

Sebastián es consciente de que su ascenso no es un camino solitario. El apoyo de patrocinadores y de la empresa privada es el combustible financiero que permite que Colombia siga teniendo representación en los paddocks más exclusivos del mundo. Según el piloto de la escudería Telmex Claro, se está despertando nuevamente el amor por el automovilismo en el país, un fenómeno que se viraliza gracias a la comunicación moderna y que inspira a nuevas generaciones a soñar con la velocidad.

Ante la pregunta de en qué circuito preferiría debutar en la Fórmula 1, su respuesta es contundente: “En el siguiente. No importa dónde sea, trabajo lo suficiente para estar preparado para la próxima carrera”. Con esa mentalidad de combate y un enfoque técnico impecable, Sebastián Montoya no solo está siguiendo los pasos de su padre; está trazando una trayectoria propia, donde la madurez y el disfrute del “sufrimiento” competitivo lo tienen a las puertas de la gloria mundial.

REVISTA TURBO

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