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Carlos Sainz está cerca del fin: comentó que su última carrera se aproxima
A sus 63 años, el español Carlos Sainz admite que el retiro está cerca, pero antes intentará domar el desierto con un Raptor T1+ aligerado y 10.000 kilómetros de pruebas a sus espaldas.
En el mundo laboral convencional, tener 63 años significa la jubilación, para Carlos Sainz, significa preparar la maleta para ir a dormir en una tienda de campaña en Arabia Saudita. El piloto madrileño, una leyenda viva del automovilismo, ha confirmado que estará en la línea de salida del Rally Dakar 2026 el próximo 3 de enero.
Su objetivo es titánico: ganar su quinto Touareg con una quinta marca diferente (Ford), tras haberlo logrado con Volkswagen, Peugeot, Mini y Audi. Sin embargo, esta edición tiene un sabor a despedida. Sainz es consciente de que el cronómetro biológico no se detiene y ha confesado que su “último Dakar está cerca”, convirtiendo esta participación en una cruzada personal por la redención tras el fracaso del año anterior.
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Una bestia más ligera y fiable
El año pasado, el debut con la marca del óvalo terminó en desastre tras un vuelco a baja velocidad y problemas de juventud del coche. Para 2026, la historia técnica es diferente. El equipo ha sometido al Ford Raptor T1+ a una dieta estricta.
El vehículo llega con 50 kilos menos de peso, situándose en el límite mínimo permitido por el reglamento. “Es un cochazo”, asegura Sainz. Los ingenieros no solo quitaron grasa; trabajaron en bajar el centro de gravedad y aligerar la suspensión sin comprometer la robustez. En una categoría donde la igualdad mecánica es máxima, estos detalles sutiles en la dinámica del chasis pueden ser la diferencia entre ganar una etapa o volcar en una duna cortada.
10.000 kilómetros para evitar el desastre
La preparación ha sido obsesiva. Sainz y su copiloto, el infalible Lucas Cruz, han completado más de 10.000 kilómetros de test entre Sudáfrica, Portugal y Marruecos.
Precisamente, el Rally de Marruecos fue la prueba de fuego. Allí, el equipo detectó graves problemas de fiabilidad en los motores que obligaron a “abrir todo el coche”. Lejos de ser negativo, Sainz lo ve como una salvación: “Gracias a ir a Marruecos pudimos resolverlo, porque si no, el tercer o cuarto día del Dakar nos hubiéramos ido para casa”.
El temor a la etapa maratón
Más allá de la máquina, el recorrido preocupa. La organización ha planteado etapas de más de 400 kilómetros cronometrados, incluyendo las temidas jornadas maratón donde los pilotos no tienen asistencia mecánica.
“Cuando terminas, te dan una bolsa con una tienda de campaña y la ración de comida. Tenemos que ver el estado del coche nosotros y echar gasolina”, explica Sainz. El reto adicional es que, al abrir pista sin motos delante (una novedad reglamentaria en ciertas etapas), la navegación será un infierno, poniendo toda la presión sobre la tablet de Lucas Cruz.
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¿El último baile? El espejo decidirá
La pregunta sobre el retiro es inevitable. Sainz, quien se ha ganado el derecho a decidir cuándo colgar el casco, tiene un ritual planeado para después de la carrera.
“Cuando acabe este Dakar descansaré y después me miraré al espejo para hacerme varias preguntas: ¿Has disfrutado? ¿Has competido al máximo?”, reflexionó el piloto. La continuidad en 2027 dependerá de esas respuestas y de si Ford pone un contrato sobre la mesa. Pero por ahora, el ‘Matador’ tiene gasolina en el tanque y una cuenta pendiente con el desierto.
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