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Cifras que duelen: la mortalidad de mujeres en moto son alarmantes
Hay cifras que estremecen, y estas no son la excepción: la siniestralidad de mujeres en motocicleta en Colombia enciende las alertas y pone sobre la mesa la necesidad de fortalecer la técnica de conducción, para que la pericia esté por encima del riesgo en las exigentes calles de Bogotá.
La motocicleta se ha consolidado en Colombia como el motor de la independencia económica y la agilidad urbana para miles de mujeres. Lo que antes se percibía como un territorio mayoritariamente masculino, hoy muestra una realidad distinta: las mujeres no solo son compradoras activas, sino protagonistas de la movilidad en ciudades como Bogotá. Sin embargo, este fenómeno de empoderamiento sobre dos ruedas se enfrenta a una estadística sombría que exige un análisis técnico profundo sobre la formación y la seguridad asistida.
Radiografía de una tragedia evitable
Las cifras del Observatorio Nacional de Seguridad Vial son contundentes y preocupantes. En Colombia, se estima que una mujer fallece en un accidente de motocicleta cada 12 horas. Entre 2019 y 2023, la mortalidad de mujeres motociclistas —tanto conductoras como pasajeras— aumentó un 54%, convirtiendo a los siniestros viales en una de las principales causas de muerte violenta para este género en el país.
En Bogotá, el panorama no es más alentador. Los motociclistas representan el 47,3% de las víctimas fatales en las vías; es decir, casi uno de cada dos fallecidos en incidentes de tránsito pertenece a este gremio. Solo en 2025, las cifras preliminares registran 612 muertes, evidenciando que la vulnerabilidad de las dos ruedas sigue siendo el eslabón más débil de la cadena de transporte.
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La técnica sobre el género: ¿por qué ocurre el riesgo?
Expertos en seguridad vial coinciden en que el riesgo no está determinado por el género, sino por factores de exposición y preparación. El perfil de mayor riesgo se concentra en conductores jóvenes (entre 20 y 34 años) con licencias de conducción recientes o nula experiencia en conducción defensiva.
Para quien comienza, Bogotá es un laboratorio de alta complejidad. La densidad del tráfico, sumada a la lluvia frecuente, reduce la adherencia de los neumáticos sobre las tapas metálicas de alcantarilla y la señalización pintada en el asfalto. En estas condiciones, la diferencia entre una frenada segura y una caída reside en la comprensión técnica del freno motor y la distribución de la fuerza de frenado entre el eje delantero y trasero.

La elección de la máquina: ergonomía y control
Un error común entre los motociclistas principiantes es adquirir una unidad cuya altura o peso excede su capacidad física. Para garantizar la seguridad activa, es innegociable que el conductor pueda apoyar ambos pies en el suelo con firmeza.
Esta estabilidad es vital en las detenciones constantes de los semáforos bogotanos o al maniobrar en pendientes. Una motocicleta con un centro de gravedad adecuado a la morfología del piloto permite reacciones más rápidas ante los puntos ciegos de buses y camiones, factores que son críticos en la prevención de siniestros.
Equipo de protección: más allá del cumplimiento legal
La seguridad pasiva no debe limitarse a lo que exige el Código de Tránsito. Portar un casco certificado con norma ECE 22.06 o DOT es el requisito mínimo, pero para reducir la severidad de las lesiones es vital el uso de guantes con protección en los nudillos y chaquetas con insertos de impacto en espalda y codos.
En el caso de las mujeres, la industria ha evolucionado ofreciendo indumentaria técnica con cortes anatómicos que aseguran que las protecciones permanezcan en su lugar en caso de fricción contra el pavimento. Recordemos que, ante una caída, la piel no tiene oportunidad contra el asfalto, y la calidad del textil es lo único que separa al piloto de una herida de gravedad.
El crecimiento de la comunidad de motociclistas femeninas es una noticia positiva para la economía y la productividad del país, pero debe ir acompañado de una revolución en la formación. Por ello es importante entender que la solución no radica en restricciones, sino en la profesionalización del manejo. El hecho de que una mujer pierda la vida cada 12 horas en nuestras vías es un llamado urgente a las academias y marcas para que refuercen sus cursos de manejo preventivo. Al final, en la vía pública, la verdadera pericia no tiene género: se mide en anticipación, respeto por las normas y el uso de la tecnología a favor de la vida.
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