NOTICIAS
Cambio de combustible a gas en un vehículo: requisitos legales y riesgos que debe tener en cuenta
La migración hacia el Gas Natural Vehicular (GNV) se consolida como una vía para mitigar el alza en los combustibles, pero el proceso exige rigor normativo. Analizamos qué motores son aptos, el trámite ante el RUNT y los peligros de las instalaciones artesanales.
En un contexto donde el precio de la gasolina continúa presionando el flujo de caja de hogares y transportistas, la conversión a gas se presenta como una tabla de salvación financiera. Sin embargo, le advertimos que este no es un simple cambio de accesorios. Convertir un automóvil es una intervención de ingeniería que, de no seguir los lineamientos de la Ley 769 de 2002, puede transformar un ahorro esperado en una cadena de multas, inmovilizaciones y riesgos críticos de seguridad.
GNV no es lo mismo que gas de cocina
Una de las confusiones más peligrosas en el mercado informal es el uso de gas licuado de petróleo (GLP o propano), el mismo de las estufas domésticas. En Colombia, la regulación dicta que el combustible autorizado es el Gas Natural Vehicular (GNV).
- Le puede interesar: Aceites y combustibles falsificados: Cómo detectarlos y qué daños pueden causar
A diferencia del propano, el GNV se almacena en cilindros de alta presión diseñados bajo normas internacionales para soportar impactos y cambios térmicos extremos. Instalar sistemas adaptados artesanalmente con tanques domésticos no solo es ilegal, sino que constituye una “bomba de tiempo” dentro del habitáculo.
¿Su motor es apto para la transición?
No todo bloque motor recibe bien el gas. La evaluación técnica debe ser el primer paso innegociable. Los sistemas más compatibles son los motores con inyección electrónica y sistemas multipunto o secuenciales, donde el kit de conversión (generalmente de quinta generación) puede dialogar de forma fluida con la computadora original del vehículo.
Por el contrario, desaconsejamos la conversión en:
- Motores turbo de última generación: La calibración del soplado del turbo con el gas puede generar mezclas pobres que elevan la temperatura de las válvulas, comprometiendo la culata.
- Vehículos diésel convencionales: Requieren sistemas dual fuel de alta complejidad que rara vez resultan rentables para usuarios particulares.
- Motores con fatiga mecánica: Si el motor tiene baja compresión, el GNV acentuará la pérdida de potencia y acelerará el desgaste de los sellos.
Impacto estructural y de suspensión
Instalar un cilindro de GNV añade un peso muerto considerable (entre 60 y 90 kg dependiendo del tamaño) que usualmente se ubica en el voladizo trasero o bajo el chasis. Esto altera el centro de gravedad y la distribución de masas del vehículo.
Es fundamental que el taller autorizado verifique si la suspensión trasera requiere un refuerzo o resortes de mayor constante elástica para evitar que el carro “se caiga” de atrás, lo que afectaría la alineación de las luces y la efectividad de los frenos en maniobras de emergencia.
El laberinto legal: del taller a la Licencia de Tránsito
Realizar la conversión mecánica es apenas la mitad del camino. Para que su vehículo circule legalmente, debe cumplir este protocolo:
- Taller Certificado: La instalación debe contar con el sello de un centro autorizado por el Ministerio de Minas y Energía y con kits homologados por ICONTEC.
- Certificación de Conformidad: El taller emite un documento que avala la seguridad del sistema y las válvulas de alivio.
- Actualización del RUNT: Este es el paso que más conductores omiten. Debe dirigirse al organismo de tránsito para modificar su Licencia de Tránsito (tarjeta de propiedad). En el apartado de combustible, ahora debe rezar: “Gasolina / GNV”.

Circular sin esta actualización es causal de inmovilización inmediata y una multa económica severa, ya que se considera una alteración no registrada de las características del vehículo, aplicando la infracción D14, que corresponde a 30 SMLDV (1.750.890 pesos).
Riesgos mecánicos y el papel de las aseguradoras
Una instalación deficiente puede derivar en fugas imperceptibles que se acumulan en el baúl, creando una atmósfera inflamable. Los sistemas certificados incluyen válvulas de cierre automático que actúan en milisegundos ante una pérdida de presión o un impacto.
Un dato vital para el propietario: si usted tiene un accidente y su vehículo tiene una conversión a gas no registrada en los documentos oficiales, la aseguradora tiene la facultad legal de objetar el siniestro y negar el pago de la indemnización, argumentando que el riesgo del vehículo fue modificado sin previo aviso.
REVISTA TURBO


