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McLaren gana el Mundial de Constructores pero Oscar Piastri tuvo razones para no celebrar
El equipo Mclaren sella su décimo título de constructores, pero una colisión en la salida entre Norris y Piastri desata la furia del australiano, quien se ausentó de la histórica celebración.
Sonaba “We Are The Champions” de Queen, el confeti de Mclaren llovía sobre el podio de Singapur y el champán corría a raudales. La imagen era histórica: por primera vez, el equipo campeón de constructores subía en masa a celebrar su título. Zak Brown, Andrea Stella, mecánicos e ingenieros se abrazaban, eufóricos. Pero en medio de la apoteosis, una ausencia era más ruidosa que el propio himno: Oscar Piastri, el líder del mundial, no estaba allí. Mientras su equipo festejaba, el australiano, con el rostro desencajado, atendía a la prensa en el corralito, víctima de una guerra civil que acaba de estallar en el garaje más dominante de la F1.
Un título histórico… y una ausencia atronadora
McLaren ha sellado su segundo Campeonato del Mundo de Constructores consecutivo, el décimo de su historia, y lo ha hecho con una superioridad aplastante: a falta de seis Grandes Premios para el final de la temporada. Es la confirmación de que el ciclo ganador inaugurado bajo la dirección de Andrea Stella no fue una casualidad, sino el resultado de una innovación valiente, como la del revolucionario MCL39.
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“Si tengo que resumir el proyecto en una palabra, diría ‘innovación’”, comentó Stella en medio de la celebración. Sin embargo, la celebración en sí misma se vio empañada por la notoria ausencia de uno de sus pilares, una imagen que delata una profunda crisis interna.
El toque en la salida: La maniobra que rompió las ‘reglas papaya’
La mecha de la explosión se encendió en la primera curva. Piastri, partiendo tercero, no tuvo una buena arrancada. Lando Norris, desde la quinta plaza, vio el hueco y se lanzó por el interior en una maniobra extremadamente agresiva. El resultado fue un fuerte contacto entre los dos McLaren, que casi envía al líder del mundial contra el muro.
La reacción de Piastri por la radio fue inmediata y cargada de furia, quejándose de la maniobra de su compañero. Cuando los comisarios decidieron no sancionar el incidente y el equipo se lo comunicó, su respuesta fue un gélido “No es justo”. Más tarde, ante una consulta de su ingeniero, su sarcasmo fue aún más evidente: “Hagan lo que ustedes consideren mejor. Yo no sé”.
No es la primera vez: La olla a presión de Woking
Este incidente no es un hecho aislado; es la erupción de un volcán que llevaba tiempo acumulando presión en esta temporada de la F1. Piastri ha tenido que “tragar sapos” en varias ocasiones esta temporada, siempre en situaciones que han parecido favorecer a Norris, el piloto “de la casa”. La controvertida orden de equipo en Monza y la estrategia dividida en Hungría fueron los preludios de esta ruptura.
El australiano, que ha demostrado ser un hombre de equipo, parece haber llegado a su límite. Su ausencia en la celebración del título es un mensaje directo a la cúpula de McLaren: la lealtad tiene que ser recíproca.
Control de daños: “Saldremos fortalecidos”
Con las burbujas del festejo aún en la ropa, Andrea Stella intentó apagar el incendio. “Son comentarios de un piloto en el calor del momento. Tendremos buenas conversaciones, partiremos de ahí y saldremos fortalecidos”, afirmó. Norris, por su parte, se limitó a decir que fue una maniobra de carrera.
Sin embargo, las imágenes no mienten. Mientras Norris celebraba en el podio, Piastri, con un tono cortante, declaraba a la prensa: “Fue un contacto. No es lo ideal”. Su lenguaje corporal y su ausencia en la foto del campeonato hablan más que mil comunicados de prensa.
Y aunque luego se vio a Oscar Piastri en fotografías junto al equipo papaya celebrando, lo cierto es que en el momento de la victoria decidió no participar en la celebración. Incluso, al finalizar la carrera en Singapur, se quitó el intercomunicador justo cuando su ingeniero le daba la noticia del resultado. Por eso, las imágenes publicadas posteriormente por el propio equipo, en las que aparece sonriente, parecieron más una respuesta al público que un reflejo de lo que realmente ocurrió en el paddock.
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McLaren es campeón, y su dominio es incuestionable. Pero la celebración en Singapur ha dejado al descubierto su mayor debilidad: la gestión de dos talentos generacionales que ya no caben en el mismo garaje sin que salten chispas. El gallinero de Woking está revuelto, y el título de pilotos, ahora más abierto que nunca, promete una guerra sin cuartel.
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