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Motos robadas en Medellín: el Clan del Golfo las usa para mototaxismo y minería ilegal
La Policía de Antioquia revela que el 20% de las motocicletas hurtadas son desviadas a zonas rurales para minería ilegal, narcotráfico y control territorial. El desguace sigue siendo el principal negocio.
El robo de una motocicleta en el Valle de Aburrá es, lamentablemente, una noticia diaria. Pero lo que muchos no saben es que detrás de este delito, que afecta a miles de ciudadanos, se esconde una compleja red criminal con tres destinos muy definidos, uno de los cuales alimenta directamente la maquinaria de guerra y las economías ilícitas de los grupos armados que operan en las zonas más remotas de Antioquia.
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La anatomía del robo: Un negocio con tres destinos
Según el colectivo Motos Robadas y Encontradas (MRE), liderado por el experto Rolando Plazas, el destino de una moto robada sigue un patrón claro:
- 50% para desguace: La mitad de las motocicletas hurtadas son desmanteladas en cuestión de horas para vender sus repuestos en el mercado negro. Esta es la vía más rápida y rentable para los delincuentes comunes.
- 30% para el ‘gemeleo’: Un tercio de las motos se ‘gemelean’, es decir, se les alteran los sistemas de identificación para que coincidan con los de una moto legal, y luego se revenden a compradores incautos.
- 20% para la guerra: El 20% restante tiene el destino más siniestro. Son enviadas a territorios bajo el control de estructuras criminales como el Clan del Golfo, las disidencias de las FARC y el ELN.
La ‘flota’ del Clan del Golfo: ¿Para qué las usan?
Una vez en zonas rurales, estas motocicletas se convierten en herramientas logísticas para la criminalidad. Según el coronel Óscar Mauricio Rico, comandante de la Policía de Antioquia, “son utilizadas para sus desplazamientos, lo que les da la capacidad de expansión territorial criminal”.
El uso varía según el modelo:
- Motos comunes como la Bajaj Boxer o la AKT NKD son entregadas a mototaxistas locales, quienes, a cambio, se convierten en informantes, reportando los movimientos de la fuerza pública.
- Motos tipo Enduro son las más apetecidas por su versatilidad para moverse por los caminos veredales y de herradura donde el acceso es difícil.
- En el caso más extremo, los motores de ciertas referencias son desmontados para ser utilizados en maquinaria de minería ilegal o adaptados a embarcaciones para el transporte de drogas o migrantes. “Muchas veces las encontramos desarmadas porque les quitan los motores”, explica Plazas.
La ruta de la ilegalidad: Del Valle de Aburrá al Urabá
La principal ruta para el tráfico de estas motos comienza en el Valle de Aburrá, epicentro del robo. Según la Policía, de las 4.548 motos hurtadas en el departamento, el 86% (3.924) fueron en esta subregión.
Desde allí, los vehículos son transportados, a menudo de noche, por el eje vial que conecta Medellín con Santa Fe de Antioquia, Dabeiba, Mutatá y Turbo. Para evadir los controles, los delincuentes utilizan rutas secundarias que atraviesan zonas rurales con baja presencia institucional.
La respuesta de las autoridades: El “Plan Madriguera”
Frente a esta problemática, las autoridades han implementado estrategias como el “Plan Madriguera”, que ha identificado 21 puntos críticos en Medellín utilizados como refugio por los delincuentes. Sin embargo, la magnitud del problema evidencia la profunda conexión entre el crimen urbano y el conflicto armado en las regiones.
El robo de una motocicleta en la ciudad ya no puede ser visto como un hecho aislado. Es una pieza en un engranaje mucho más grande y peligroso, uno que alimenta la violencia y las economías ilegales que desangran al país.
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