ESTILO DE VIDA
Opel Crossland en Colombia: la probamos y les contamos que nos gustó y que no
El SUV alemán de Opel llega a Colombia con una propuesta que desafía la tendencia actual de los vehículos cero emisiones. Prioriza el confort, los botones físicos y el espacio sobre las aceleraciones explosivas.
Cada vez son más los fabricantes que deciden llevar la electrificación hacia los segmentos familiares en Colombia. Sin embargo, no todos lo hacen bajo la misma filosofía. Mientras las marcas asiáticas inundan el mercado con diseños futuristas y pantallas que dominan todo el habitáculo, el Opel ‘Crossland’ eléctrico aterriza con una receta diametralmente opuesta.
Tras someterlo a varios días de pruebas en la densa ciudad y en las exigentes carreteras de montaña que rodean la capital, confirmamos que su apuesta es clara: ofrecer la sensación y el refinamiento de un automóvil europeo tradicional. Es una herramienta ideal para quienes desean dar el salto a la movilidad sostenible sin tener que reaprender a conducir.
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Una cabina tradicional y el valor de lo físico
Lo primero que llama la atención al ponerse al volante de este modelo es su extrema familiaridad. Todavía existe una llave física para poner en marcha el vehículo, el diseño de la consola es conservador y tanto el acelerador como el pedal del freno tienen un recorrido casi idéntico al de un carro a gasolina.
El interior respira el ADN del grupo Stellantis (recordando en algunos comandos a su prima, la Peugeot e-2008), pero manteniendo la sobriedad alemana. Los materiales gozan de un tacto muy agradable y el ensamblaje transmite robustez. Durante nuestra prueba, destacó especialmente la insonorización de la cabina; gracias al uso de un doble sellado en las puertas y materiales fonoabsorbentes, el ruido del viento y rodamiento prácticamente desaparece.
En una era dominada por la digitalización extrema, Opel tomó una decisión brillante: conservar los botones físicos para funciones vitales. Ajustar la temperatura del aire acondicionado sin tener que navegar y desviar la vista hacia la pantalla multimedia de 10 pulgadas es un alivio ergonómico que muchos conductores tradicionales agradecerán.
Aplomo familiar frente a la deportividad
En el apartado dinámico, el vehículo divide opiniones. La báscula marca 1,6 toneladas, un peso considerable debido al paquete de baterías. Esta masa juega a su favor en curvas rápidas, manteniendo el SUV firmemente plantado sobre el asfalto y transmitiendo una seguridad envidiable, sin la más mínima sensación de inestabilidad.

No obstante, ese peso se hace evidente al momento de exigirle respuesta. En el denso tráfico urbano se mueve con total soltura, pero al enfrentar ascensos largos y empinados —como la vía hacia La Calera durante nuestro test—, fue necesario presionar el acelerador a fondo para mantener un ritmo alegre. No entrega esa patada inmediata y explosiva típica de otros eléctricos como el MG4 o el BYD Yuan Plus; el Opel está calibrado estrictamente para el confort.
De igual forma, notamos que el sistema de frenos requiere un breve periodo de adaptación. El recorrido del pedal se siente algo largo en su primer tramo, producto de la transición entre la frenada regenerativa y el acople del sistema hidráulico tradicional.
El secreto bajo el capó: plataforma y autonomía
El Opel ‘Crossland’ eléctrico comparte arquitectura con otros modelos de su grupo matriz, desarrollado sobre la plataforma ‘eCMP’. Al ser una base concebida originalmente para motores de combustión y adaptada a la electricidad, encontramos bajo el capó un gran espacio vacío que la marca desaprovechó; la ausencia de un ‘frunk’ (maletero delantero) es un recordatorio directo de sus orígenes térmicos.
A nivel mecánico, la tracción delantera es impulsada por un motor eléctrico síncrono de imanes permanentes que entrega 156 caballos de fuerza y 270 Nm de torque. Esta fuerza es alimentada por una batería de 54 kWh, la cual promete una autonomía homologada bajo el ciclo WLTP de hasta 408 kilómetros.
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En la topografía colombiana, la realidad es otra. En los ascensos prolongados, el consumo energético se incrementó de forma evidente. Afortunadamente, la geografía nos devuelve el favor en las bajadas, donde pudimos recuperar un valioso porcentaje de batería gracias a la eficiencia de su sistema regenerativo.
Para recuperar la carga, el vehículo admite corriente alterna (AC) de hasta 11 kW mediante un conector estándar Tipo 2. En estaciones de carga rápida de corriente continua (DC), soporta hasta 100 kW bajo el puerto CCS2, siendo capaz de pasar del 20 % al 80 % en tan solo 30 minutos.
El Opel ‘Crossland’ eléctrico no busca ganar carreras de semáforo ni deslumbrar con un diseño de nave espacial. Su mayor virtud es la madurez. Si usted es un conductor que valora el espacio de un baúl de 460 litros, la insonorización prémium y busca un vehículo familiar que haga la transición a los electrones de la forma más natural y cómoda posible, esta máquina alemana es una de las apuestas más sensatas del mercado actual.
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