NOTICIAS
Cuidado, si maneja servicio público lo podrían multar por esta razón común
Transportar familiares o amigos sin activar el taxímetro es considerado uso indebido del vehículo de servicio público y acarrea una multa superior a los $600.000.
Es una escena común en las ciudades colombianas: un conductor de taxi o servicio público aprovecha un momento libre para recoger a un familiar o llevar a un amigo a su destino. Sin embargo, este acto, que parece inofensivo y de carácter personal, puede terminar en una costosa infracción de tránsito. La razón es simple pero contundente: utilizar un vehículo de servicio público para fines privados, incluso sin cobrar por el trayecto, es ilegal.
Uso privado en un vehículo público: La falta clave
El Código Nacional de Tránsito (Ley 769 de 2002) es inequívoco al respecto. La norma establece que un vehículo registrado como servicio público solo puede circular prestando un servicio autorizado. Esto significa que cualquier transporte de pasajeros debe realizarse bajo las condiciones formales, ya sea con el taxímetro encendido o mediante el registro en una plataforma tecnológica autorizada.
Cuando un conductor traslada a una persona sin cumplir este requisito, está destinando el vehículo a “un servicio diferente de aquel para el cual tiene licencia de tránsito”, configurando así una infracción. No importa si el pasajero es un familiar o si el viaje es un favor; ante la ley, se considera un uso indebido.
La sanción: Más de $600.000 y posible inmovilización
Las consecuencias de cometer esta falta no son menores. La infracción está contemplada en el artículo 131 del Código de Tránsito y acarrea una multa equivalente a 15 salarios mínimos diarios legales vigentes (SMDLV), lo que para el año 2025 supera los $600.000.
Además de la sanción económica, la autoridad de tránsito está facultada para inmovilizar el vehículo, lo que representa una pérdida adicional de tiempo y dinero para el conductor.
La solución: Activar siempre el taxímetro
La única forma de operar el vehículo de manera legal, incluso en trayectos no remunerados con conocidos, es encender el taxímetro o registrar el servicio en la plataforma de control correspondiente. Este simple acto formaliza el viaje como un servicio de transporte y alinea la operación con la normativa vigente, evitando cualquier ambigüedad ante una inspección.
En definitiva, la placa y el registro del vehículo dictan su uso. Para los conductores de servicio público, esto significa que cada vez que alguien ocupa un asiento de pasajero, debe hacerse bajo las condiciones formales del servicio. Un simple favor puede, ante la ley, convertirse en una costosa infracción.
REVISTA TURBO


