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La electrificación del transporte ahorraría en Colombia hasta US$40.000 millones en combustibles
Un análisis de Carbon Tracker revela que acelerar la transición hacia los vehículos de batería es la única vía para blindar la economía nacional frente a la volatilidad de las importaciones y reducir pasivos fiscales.
La dependencia de Colombia hacia los combustibles fósiles no solo es un reto ambiental, sino una vulnerabilidad macroeconómica que compromete el presupuesto nacional de las próximas décadas. Según el más reciente informe de Carbon Tracker, un centro de pensamiento financiero global, el país se encuentra ante una oportunidad histórica: si acelera la adopción de vehículos eléctricos de batería (BEV), podría evitar el gasto de US$40.000 millones en importaciones de hidrocarburos de aquí al año 2050.
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La pesada carga de la combustión interna
El transporte por carretera es el mayor consumidor de energía en el país, representando el 75% del consumo de petróleo en 2023. Lo preocupante desde la perspectiva técnica es que más del 25% de ese combustible debe ser importado como producto refinado. De mantenerse la tendencia actual, Colombia gastaría hasta US$226.000 millones en importaciones de gasolina y diésel hasta mediados de siglo, una cifra que equivale a 1,9 veces el presupuesto nacional de 2025.
Técnicamente, cada vehículo de combustión interna (ICE) que ingresa hoy al parque automotor se convierte en un pasivo para el Estado. El informe estima que un solo automóvil particular de gasolina genera costos de vida útil por US$6.000 para el gobierno, cifra que escala drásticamente a US$350.000 en el caso de un bus de transporte público.
La ventaja competitiva de la matriz hídrica
A diferencia de otras economías emergentes, Colombia posee una ventaja estructural innegable: su matriz de generación eléctrica. Con un 72% de dependencia de energía hidroeléctrica, el país tiene una de las redes más limpias del mundo. Esto permite que la electrificación del transporte no traslade las emisiones del tubo de escape a las chimeneas de las térmicas, logrando una descarbonización real y efectiva.
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Además, el análisis resalta que recorrer 100 kilómetros con electricidad en Colombia es, en promedio, entre un 28% y un 55% más barato que hacerlo con diésel o gasolina corriente. Esta eficiencia operativa, sumada a la caída del 80% en el costo de las baterías liderada por la industria de China desde 2013, sitúa a los BEV como la opción más lógica para la economía de los hogares.
Hacia un estándar de eficiencia vehicular
Para capturar estos ahorros, Carbon Tracker insta al Gobierno Nacional a implementar regulaciones sólidas del lado de la oferta. La creación de un estándar robusto de eficiencia energética es vital para evitar que Colombia se convierta en el destino de tecnologías de combustión obsoletas que otros mercados ya han rechazado.
El país cuenta con ventajas estructurales que respaldan la transición, permitiendo reducir gradualmente los subsidios a los combustibles, que en 2025 generaron un déficit estimado de US$500 millones”, afirma Ben Scott, jefe de demanda de energía en Carbon Tracker. El despliegue estratégico de infraestructura de carga y reformas fiscales coordinadas son, según el experto, los aceleradores necesarios para esta transformación.
Beneficios en salud y clima
Más allá de los balances contables, la transición acelerada impacta directamente en la salud pública. La reducción de material particulado y óxidos de nitrógeno evitaría miles de hospitalizaciones por enfermedades respiratorias. El informe cuantifica que evitar los daños económicos relacionados con el cambio climático mediante la electrificación del transporte le ahorraría al país cerca de US$35.000 millones en valor presente.
Aprovechar nuestra energía hídrica para dejar de importar petróleo refinado es un movimiento de soberanía energética ineludible. El 2026 debe ser el año en que los estándares de eficiencia dejen de ser una propuesta de escritorio para convertirse en el motor de una economía modernizada y de bajas emisiones.
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