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Monster Truck: ¿Qué pudo fallar en la tragedia de Popayán? los riesgos que existen
Analizamos la ingeniería del riesgo en los espectáculos de camiones gigantes tras el incidente en Popayán, dado que un permiso de “artes escénicas” no es suficiente para contener una máquina de cinco toneladas y 1.500 caballos de fuerza como lo es una Monster truck.
Lo ocurrido en Popayán el pasado domingo 3 de mayo con la Monster Truck denominada ‘La Dragona’ ha dejado una cicatriz profunda en el automovilismo de exhibición en Colombia. El saldo es desgarrador: tres fallecidos y decenas de heridos tras un incidente que, más allá de la fatalidad, revela una cadena de errores técnicos y administrativos. Mientras las autoridades judiciales avanzan en las investigaciones, en REVISTA TURBO analizamos la física detrás de estas máquinas y las condiciones de seguridad innegociables que, al parecer, fueron ignoradas en un escenario que nunca debió albergar tal nivel de potencia.
El bólido de las cinco toneladas: ¿Qué es un Monster Truck?
Un Monster Truck no es una camioneta convencional con llantas grandes; es un prototipo de alto rendimiento diseñado para el impacto. Estos vehículos nacieron en Estados Unidos en los años 70 y están equipados con motores que superan los 1.500 HP y llantas de más de 1,5 metros de diámetro. Su estructura se basa en un chasis tubular reforzado y suspensiones de largo recorrido capaces de absorber saltos de varios metros.
Por ello el mayor desafío de estas máquinas es su inercia. Debido a su enorme masa y potencia, detener un vehículo de estos no es una acción inmediata. El sistema de frenado, generalmente hidráulico y de alto desempeño, debe luchar contra una energía cinética masiva que, en caso de fallo, convierte al vehículo en un proyectil imparable.
Escenarios vs. Lotes: La trampa de la improvisación
A nivel internacional, marcas como Monster Jam operan bajo protocolos de seguridad extrema. Estos shows se realizan en estadios o recintos con barreras de contención reforzadas, zonas de escape de más de 30 metros entre la pista y la primera fila, y, sobre todo, una diferencia de altura considerable entre los espectadores y el área de maniobra.
En Popayán, el escenario fue un lote privado. Según el cuerpo de Bomberos local, la proximidad del público a la pista era alarmante. Las vallas y graderías improvisadas no contaban con la capacidad técnica para resistir el impacto de una llanta de 1.5 metros. Por ello enfatizamos que la seguridad en estos eventos depende de la distancia: si el vehículo pierde el control, debe existir un área vacía suficiente para que la fricción o las barreras de energía detengan la marcha antes de tocar al público.
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‘La Dragona’: Inercia y presunto fallo mecánico
La camioneta involucrada era conducida por Sonia Segura, una de las pocas mujeres certificadas en Latinoamérica para este tipo de conducción extrema. Los videos del accidente muestran que, tras superar una rampa, el vehículo tomó una velocidad que no pudo ser neutralizada. Las hipótesis preliminares apuntan a una falla en el sistema de frenos o un bloqueo en el acelerador.
Aunque cabe tener en cuenta que se observaron chispas en la zona del motor segundos antes del impacto, lo que sugiere una rotura mecánica crítica. No obstante, surge un factor determinante: la distancia de frenado. En un terreno corto e improvisado, incluso con los frenos operativos, el espacio disponible pudo ser insuficiente para detener la masa de ‘La Dragona‘ antes de atravesar las débiles barreras de seguridad.
El laberinto legal: ¿Artes escénicas o deporte de riesgo?
Uno de los puntos más polémicos revelados tras la tragedia es el tipo de permiso bajo el cual se autorizó el evento. Documentos oficiales mencionados por los bomberos de Popayán sugieren que el espectáculo fue tramitado bajo normativas de ‘artes escénicas‘. Esta categoría, diseñada para obras de teatro o conciertos, no contempla las rigurosas inspecciones técnicas que exige un evento de deporte motor.
En Colombia existe un preocupante vacío legal: no hay una norma nacional específica que dicte cuántos metros de separación debe haber en un show de Monster Trucks o qué tipo de blindaje deben tener las graderías. Al ser catalogado como un acto cultural y no deportivo, se evadieron los protocolos de federaciones automovilísticas que habrían exigido zonas de escape y revisiones mecánicas de pits mucho más estrictas.
Una industria que exige regulación técnica
La tragedia de Popayán es un llamado de urgencia para el Ministerio de Transporte y los organismos de gestión del riesgo. La pasión por el mundo motor no puede estar por encima de la vida. Mientras no exista una reglamentación que estandarice las pistas de exhibición y las barreras de impacto para vehículos de gran tonelaje, estos eventos seguirán siendo una apuesta de alto riesgo.
El futuro de los espectáculos de Monster Trucks en el país depende de su profesionalización. No se trata solo de tener pilotos experimentados como Sonia Segura, sino de garantizar que el entorno sea capaz de absorber el peor escenario posible. La ingeniería de seguridad debe ser tan robusta como el motor de la máquina que pretende exhibir.
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