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Carros nuevos más baratos y usados todavía costosos: la extraña realidad del mercado en Colombia
Mientras las nuevas marcas de carros desatan una guerra de precios con tecnología de punta en Colombia, el mercado del usado se aferra a la ‘fama de reventa’ para mantener costos irreales. Analizamos el fenómeno.
Comprar un vehículo en Colombia nunca ha sido un proceso meramente técnico; es, ante todo, una decisión de ingeniería financiera familiar. Durante décadas, el usuario nacional no ha buscado solo una máquina que lo desplace del punto A al punto B, sino un activo que proteja su capital. Esta mentalidad ha creado un ecosistema donde la pregunta “¿quién me lo compra después?’ pesa más que los caballos de fuerza o el consumo de combustible. Sin embargo, en este 2026, la llegada masiva de nuevas tecnologías está chocando de frente contra los prejuicios de un mercado que se niega a soltar la “tranquilidad” de las marcas tradicionales.
El peso de la tradición: El club de los inamovibles
Marcas como Toyota, Renault, Mazda y Chevrolet no solo venden carros; venden paz mental. Su dominio histórico ha cimentado una infraestructura de posventa tan capilar que es posible encontrar un repuesto original o un mecánico experto en casi cualquier municipio del país. Esta disponibilidad técnica es la que garantiza una reventa rápida, convirtiendo al vehículo en una moneda de cambio casi tan líquida como el efectivo.
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Técnicamente, un Toyota Prado o un Mazda 2 de hace cinco años pueden llegar a costar en el mercado del usado casi lo mismo que su factura original de compra. Este fenómeno, alimentado por la escasez de chips y la volatilidad del dólar en años anteriores, ha generado una distorsión donde los vehículos usados están artificialmente sobrevalorados, desafiando la lógica de la depreciación global.
La ofensiva asiática: Tecnología vs. Desconfianza
En la otra cara de la moneda, la irrupción de gigantes como BYD, Chery, Geely y Deepal ha desatado una guerra de precios sin precedentes. Hoy es posible adquirir una SUV eléctrica con sistemas ADAS, cámaras de 540° y pantallas de alta resolución por un valor inferior al de un modelo convencional usado de marca tradicional.
A pesar de la superioridad en equipamiento y eficiencia, el comprador colombiano promedio aún observa con recelo estas propuestas. El temor no es a la falla mecánica inmediata —muchas ofrecen garantías de hasta 8 años en baterías— sino a la obsolescencia tecnológica. En un mercado donde el software evoluciona cada semestre, existe el riesgo real de que un eléctrico de 2026 sea percibido como ‘viejo’ en solo tres años, golpeando su valor en el mercado del usado.
La paradoja del usado ‘caro’: El fin de la burbuja
Estamos presenciando una situación atípica: un carro nuevo de GAC o MG ofrece más seguridad y menor costo por kilómetro que un usado “cotidiano” de hace una década. Sin embargo, modelos como el Spark, el Logan o el Picanto mantienen precios elevados porque son herramientas de trabajo económicas de mantener.
La estabilización de la producción mundial y la normalización de los inventarios están empezando a pinchar esta burbuja. El usuario racional está empezando a preferir el estreno tecnológico frente al usado sobrevalorado, especialmente cuando las marcas nuevas respaldan su operación con aliados locales de trayectoria como el Grupo Vardí o Motorysa.
Tesla y el reto del ecosistema
El caso de Tesla en Colombia es el ejemplo perfecto de este dilema. Aunque la marca de Elon Musk goza de un prestigio aspiracional masivo, su mercado de reventa es aún una incógnita. La red de Superchargers en expansión y el soporte técnico centralizado generan dudas sobre quién asumirá el costo de una reparación estructural fuera de garantía. Para el comprador de lujo, el carro sigue siendo un símbolo, pero para el mercado de “segunda mano”, la incertidumbre sobre la salud de las celdas de litio sigue siendo la barrera final.
La cultura de la reventa está siendo derrotada por la realidad de la eficiencia. Un vehículo con 20 años de antigüedad o un usado con precio de nuevo ya no son negocios inteligentes frente a la oferta de movilidad sostenible actual. El reto para las marcas nuevas es demostrar que su presencia en el país es permanente; una vez se garantice el repuesto para la próxima década, el prejuicio caerá y el mercado del usado tendrá que aterrizar sus precios a la realidad de la ficha técnica.
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